Libro 9: Canto a Cuba - 1960

INDICE
- Rosa náutica

- La casa de los tres kilos

- Elpidio Sosa vende su empleo

- Los ángeles barbudos

- Radio Rebelde

- Caballería

- Vida


Rosa Náutica (1)



Los cónsules habían tirado su honor a los perros,
su carne envenenada.
La noche andaba con su balde de petróleo
entre las estatuas.
El sol sorprendía a los mercaderes contando dinero
en las escalinatas.
Las mujeres tenían vergüenza de los hombres.
Los hijos, tristes, ambulaban.


Cuando de lado del mar de las Antillas
se alzó una palabra
y empezó a dar la vuelta al mundo,
enceguecedora, blanca,
mientras barbudos ángeles de pueblo
iban con niños en las espaldas.


El primero que la vio fue el sereno
de una fábrica.
El sereno golpeó con el revolver la puerta del dueño.
Se hizo la luz en la ventana.
El sereno dijo:
“Las doce de la noche, pero es la mañana”.


La paloma estaba dando la vuelta al mundo,
enceguecedora, alta.
Cuando los árboles se mecían
era porque la paloma pasaba.
Nunca he visto a tantos árboles mecerse,
a tanto trigo, en la tierra americana.


El herrero de chispas en el pelo
salió para mirarla.
El negro se puso a llorar en el algodonal
que era una nube blanca.
El indio apareció con su machete
de entre las verdes cañas.
El minero sacó a la luz, desde la noche,
sus ojos de cantárida. (2)
La libertad volvía por el cielo.
Era un estrella y palpitaba.
La había puesto el hombre.
Todos la contemplaban.


Pero los cónsules seguían tirando su honor a los perros,
su carne envenenada.
Por los pasillos iban y venían
los vendedores de palabras.
Un Moisés abandonado por el pueblo
hería la peña con su vara.
La peña daba cuervos de petróleo
porque el pueblo no estaba.
Se lo veía en el desierto, lejos,
como una isla de lana.
Arriba estaba la bandera sola
salida de las aguas.


Con tizas de los niños he salido a escribir
la palabra en mi casa.
Tengo la tiza azul,
la blanca;
la verde de la ceiba de Colón (3)
que en Cuba echó su ancla;
la amarilla de las trompetas celestes;
la roja de las marchas. . .
Con treinta y dos colores (4)
escribo la palabra.
Hago una estrella, hago una rosa móvil.
Vivo en la calle Cuba de la patria.



(1)  Rosa náutica o  rosa de los vientos: círculo que tiene marcados alrededor los rumbos en que se divide la circunferencia del horizonte. El poeta con este título, hace referencia a La Habana (capital de cuba) por la Escultura de la Virgen del Camino situada en el parque del mismo nombre, en la capital cubana.  La Virgen creada por la artista Rita Longa descansa sobre la copa de una palmera. Una túnica cubre parte del pelo, los  hombros y el brazo izquierdo, con la rosa de los vientos en la mano como guía que señala la ruta a los viajeros. (N del E)
(2)  Cantárida:  insecto coleóptero (escarabajo)  de la familia Meloidae, alargado y de color verde brillante fue  usado en medicina hasta principios del siglo XX para el tratamiento de ulceraciones de la piel. (N del E)
(3)  Ceiba: Árbol centroamericano de la famila Malvaceae, sagrado para la mayoría de las culturas prehispánicas de Ameríca central. Ceiba de Colón:  En la isla de Santo Domingo, Junto al Ozama, el río que divide en dos la ciudad homónima, se encuentra el primer monumento colonial: la Ceiba de Colón. Según una leyenda local, el almirante amarró en este árbol sus carabelas en la primera visita que hiciera a Santo Domingo. (N del E)
(4)  Treinta y dos: La rosa náutica o Rosa de los vientos se divide en 32 rombos. (N del E)







La casa de los tres kilos (*)


Eran las quince horas y veintiocho minutos
de un día trece.
Hermosos de cuerpo,
van a la muerte.
Para tomar la Casa de los Tres Kilos
hay que morir tres veces.
Ellos lo saben,
porque así fue siempre.
Saben que resucitarán
como la hierba verde.


Dijo el amor:
“¡No vayas, Gutiérrez!”
Dijo el dolor:
“¡Echevarría, quédate!”
Pero amor y dolor de novia y madre
querían que fuesen,
porque aquel trece de marzo
no existía la muerte,
porque nunca ha existido
para la hierba que vuelve.


Segados fueron y multiplicados
los quince o veinte.
Muertos, tomaron el palacio
que se ponía verde,
y uno de ellos _cualquiera_,
uno de ojos ausentes,
en el sillón de la República
se sentó transparente.
Tenía por medalla una amapola.
Su camisa era de hierba que vuelve.
Allí estaba sentado
cuando llegó el presidente.


En la Casa de los Tres Kilos
manda el color que crece.
Lavan la sangre, esconden los fusiles,
pero el color se extiende.
Está en los mármoles, en las alfombras,
en los galones de los coroneles,
en sus medias, en los pañuelos
con que se secan la frente. . .
Y está subido a los árboles
que cortan y reverdecen.
Porque aquel trece de marzo
no existía la muerte.
Porque nunca ha existido
para la rama que vuelve.
Porque Cuba volvía de la Sierra
Con sus tambores verdes.


(*) “La Casa de los Tres Quilos”: popular tienda de la Habana (Cuba), que vendía artículos de a quilo (Quilo: centavo cubano pre-revolución). “la Casa de los Tres Quilos” fue el nombre en clave utilizado por los revolucionarios cubanos para denominar al Palacio Presidencial de La Habana, sede del gobierno del dictador Fulgencio Batista, en el fallido intento de asalto a dicha sede el 13 de marzo de 1957. (N del E)






Elpidio Sosa vende su empleo (*)


Elpidio Sosa vendió su pan.
Lo vendió por trescientos pesos.
Ató lo poco en lo mucho
que se lo quitó del cuello.


Elpidio Sosa vendió su pan.
Se sentó debajo de un cedro.
¿A quién diste, Elpidio Sosa,
tu pan y tu pañuelo?


_ ¿Y a quién se los voy a dar?:
Al pueblo.


Elpidio Sosa vendió su pan.
Lo vendió por trescientos pesos.
Quería vender su cama,
dormir tirado en el suelo.


Elpidio Sosa está sin comer,
sin comer, pero está comiendo.
Todo hombre que es bien hombre
tiene su nuez en el cuello.


Con el dinero de Elpidio Sosa
armó la libertad su ejército,
que era de tambores verdes,
del cañaveral saliendo.


Elpidio Sosa supo después
que lo andaba buscando el cielo.
¡Elpidio!, por toda Cuba.
Y él que contesta: “Se ha muerto”.


Y tiene razón Elpidio Sosa,
sentado debajo del cedro,
porque su dicha es estar
sin pan y sin pañuelo.


(*) Elpidio Sosa González: Sin dudas uno de los más modestos combatientes que tuvo la gesta revolucionaria cubana. Nació en la finca Angelita, perteneciente al actual municipio de Quemado de Güines (Cuba), el 4 de marzo de 1929. Al iniciarse los preparativos del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hacen falta recursos para llevar a cabo los planes, y el joven Elpidio aporta una pequeña suma la cual no resulta suficiente, y decide entonces vender su plaza en el bar donde trabaja por 300 pesos, los cuales donó a la causa libertaria. Cae herido de muerte en el asalto al cuartel Moncada (La Habana – Cuba) el 26 de julio de 1953. (N del E)





Los ángeles barbudos


Eran ochenta solamente. (1)
sus nombres no cuentan.
Llegaron por el mar a la isla del llanto,
a su tierra.
_Caen algunos en la playa.
Muertos, se los llevan las sirenas_.
A la isla del dolor llegaron,
a su amor, a su pena.
_ Caen en los cañaverales.
Se hacen tierra en la tierra_.
Quedaron unos pocos.
_Están en la ladera.
Están subiendo silenciosos.
Suben con el fusil a cuestas_.
Ya han llegado a la cumbre;
ya han llegado, porque el águila vuela.
_Están donde nacen los ríos,
donde el agua se vuelca.
Están limpiando los fusiles.
Están escribiendo en las piedras.
Dibujan un mapa, una paloma.
En la barba les crece la hierba_.


las madres sintieron en el aire a sus hijos.
_Están en las puertas.
Forman en la calle su rosa de luto.
La rosa cerrada conversa.
La rosa dice: “Han llegado” y se abre.
Los dedos señalan la Sierra Maestra_. (2)


Abajo los cónsules tiraban su honor a los guardias.
_Los guardias incendian.
Matan estudiantes en las calles.
El pueblo los envuelve en la bandera.
Los ángeles empiezan a bajar
con su temblor de tierra.
Viene la mariposa, el pájaro,
la piedra. . ._.


El tirano tenía su viento preparado.
_Está contando. Cuenta.
Huye por la ventana.
Es un buitre que vuela.
Deja a sus capitanes para que los fusilen.
Se va al país de las tinieblas.
Se va con el halcón que mató a la paloma.
Las mariposas llegan_.


Ahora están con su pueblo los ángeles de pueblo.
Están las vírgenes insurrectas.
Los ángeles no tienen alas.
Las vírgenes son de guerra.
Ángeles y vírgenes
pasan llenos de tierra.
El hombre de la caña que los sigue
tiene la vista azucarada y sueña.
Una granada de mano, dulce,
es lo que el hombre de la piña lleva.
Los ángeles y el pueblo junto al bosque.
Los ángeles y el pueblo por la hierba.
Los ángeles y el río.
Los ángeles se sientan.
Dicen que es cierto lo que el libro dice:
que los mansos heredarán la tierra.
Lo dicen, lo prometen.
Por sus barbas desciende la promesa.


(1)   El 2 de diciembre de 1956 ochenta guerrilleros cubanos liderados por Fidel Castro desembarcan en la playa cubana de Niqueros provenientes de Méjico. En el desembarco mueren 25 rebeldes en combate con el ejército regular. A las pocas horas sólo quedan 12 revolucionarios con vida que logran mantener la rebelión durante 25 meses, culminando con la huída a Santo Domingo del dictador Fulgencio Batista el 1º de enero de 1959. (N del E)
(2)  Sierra Maestra: cadena montañosa en la región suroriental de Cuba principalmente en las provincias de Granma y Santiago de Cuba. fue abrigo del Ejército Rebelde en la lucha guerrillera contra Batista. Desde allí, Fidel Castro dirigió las acciones militares en la Isla. (N del E)






Radio Rebelde (1)


Volvían de cantar en las iglesias
y se fueron a la revolución,
porque la muerte seguía en las calles,
porque no se iba el dolor.


La aguja quedo clavada en la tela
con su colilla de algodón.
El rosario que caía gota a gota
finalmente se heló.
Murió la rosa en los floreros.
Se detuvo el reloj.
Las mujeres estaban con los hombres
en el cedral del alcor. (2)


De donde nace el río, por el aire,
vino un día la voz.
Las que hablaban habían deshojado
sus nombres de flor.
No se llamaban Rosa ni Violeta.
Se llamaban “la Voz”.
Usaban como el hombre
revólver, cinturón.
Decían para el hombre:
“Apareja el camino del amor”.
Y el hombre que miraba el cielo
sólo veía un halcón.
Un halcón que buscaba sin hallarlas
a las palomas de la revolución.


De hoja verde y de hoja seca,
iguales de color;
de café, de tabaco y de fusil,
no las halló el halcón.


“¡Agua!”, y aparecían
las aguadoras del dolor.
Agua fue el nombre de la mujer sin nombre
para el soldado que murió.


Cuando bajaron con el río
por aquél callejón,
empezaron a abrirse nuevamente
sus nombres de flor:
¡Violeta! ¡Margarita!
entre soldados de sol.
Montado en un caballo, abriendo flores,
venía, héroe, el frescor.


Al encuentro del libro, de la aguja
con su colilla de algodón,
verde de caña y de palmera,
volvía el amor.
Estaban todas y cantaban todas.
¡Ay, todas no!
Quedó el rosario para siempre helado
en algún libro de oración.


Oh, mujer que no has vuelto, oh, compañera,
oh, pequeña de Dios,
nacida con el agua sobre el hombro,
con el sueño para el que muere, en la voz;
ahora que está dormida en el cañaveral,
bajo el cedro, en el alcor;
ahora que no te encuentro,
ahora te traigo mi flor.


(1)  Radio Rebelde: Emisora de radio creada por los revolucionarios cubanos el 24 de febrero de 1958 y que aún existe con sede en La Habana (Cuba). Transmitía originalmente desde el paraje Altos de Conrado en la Sierra Maestra. Emitía los partes de los combates, las acciones de la lucha clandestina, denunciaba los crímenes de la dictadura, difundía discursos de los dirigentes de la revolución y otras orientaciones al pueblo. (N del E)
(2) Cedral: Bosque de cedros – Alcor: cerro poco elevado. (N del E)







Caballería (*)


Iluminada de cabellos blancos
viene la caballería negra;
viene el relámpago
en la tormenta,
el latigazo del viento
en las banderas,
el relincho y el grito
y atrás la polvareda.


El cielo está sin nubes.
No es el cielo el que truena.
La nube está en la barba de los hombres.
El trueno está en la tierra.


De su escondrijo sale deslumbrada
una mujer amarillenta,
la mujer de la caña verde
que arrastra niños en cadena.


Todos los caballos de la historia
vienen a ella:
el del indio, el del gaucho,
el de la cordillera.
Cruzaron a nado el mar
y ahora vienen a ella,
a ella que no es más que una mujer
de Cuba la pequeña.
Fue en un lejano pueblo de pastores
que apareció la estrella.


Iluminada de caballos blancos
viene la caballería negra;
viene el relámpago
a libertar la tierra.


(*) Caballería campesina: En Julio de 1959 la Revolución cubana iniciaba su séptimo mes en el poder. Influyentes círculos de poder en los Estados Unidos y sectores de la Burguesía cubana impugnaban la Ley de Reforma Agraria, promulgada el 17 de mayo de ese año. Aunque el pueblo de La Habana había asumido la Reforma Agraria como propia y le brindaba su apoyo, también en la capital radicaba la cabeza de la contrarrevolución. Era necesario que el campesinado y los trabajadores de la capital, en compacta alianza, juntos demostraran a la reacción el inmenso poder de las masas. Así surgió la iniciativa para organizar una amplia movilización popular, con una muchedumbre campesina a caballo desfilando con machetes, al lado de la clase trabajadora. El 26 de julio de 1959 la Caballería Campesina  recorrió las calles de la ciudad de La Habana. Por la tarde, el pueblo de la capital y más de medio millón de campesinos de todo el país se congregaron en la Plaza de la Revolución para respaldar al Gobierno Revolucionario. (Extracto de la Revista Cuba Ahora – autor Pedro Antonio García)  (N del E)






Vida


Ven conmigo, poeta.
Deja tu mesa con su rosa triste.
La alegría está afuera.
Muriendo y renaciendo,
llegó a caballo; se sentó en la hierba.


Ven conmigo, oh, mi amigo.
el dolor está afuera.
Pasa y no acaba de pasar llorando.
Lleva setenta muertos a la tierra.


Ven conmigo. En el cielo
grandes aves dan vueltas
porque los campesinos han llegado
a su isla de hierba,
y están hablando y cantan
alrededor de ella.


Ven conmigo. En la calle
pasa una gran bandera
con una estrella, sobre flores
que las mujeres siembran.
Pasa y no acaba de pasar el cielo.
Lleva setenta muertos a la tierra.


Ven conmigo, que el hombre
tiene las voces que no encuentras;
que tu verso lo tiene
una mujer que es nueva,
a quien el viento de las ramas
le sopla el pelo y la pollera.
Ven, que no te conocen.
Tu canción está afuera.


¿Para quién la flor sola de tu vaso;
para quién, si está muerta?
Ven conmigo a encontrarte con el hombre
en la mesa de tierra;
a acompañar al hombre
por su calle de sangre y azucena.
El canto está en la voz de los que cantan.
El ángel está afuera.

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